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INSTRUMENTOS (Equipo de) - Definición - Significado

Con esta denominación se designan normalmente los aparatos que sirven para proporcionar al conductor las indicaciones e informaciones sobre el funcionamiento de los diversos órganos y el modo de marchar de su automóvil.

Tanto el número de aparatos como su disposición han experimentado cambios continuamente. Los primeros coches provistos de motor carecían de instrumentos. Pero el rápido progreso técnico de principios del siglo xx hizo pronto necesario proporcionar ciertas informaciones al conductor del vehículo.

Los primeros instrumentos que se montaron fueron los cuentakilómetros, los velocímetros y los manómetros del aceite. Estos instrumentos se instalaron en el salpicadero en un orden cualquiera y sin preocupación de ninguna clase en cuanto a la facilidad de lectura. Conviene recordar que el tablero propiamente dicho no existía en los primeros modelos, pues el salpicadero estaba constituido simplemente por el tabique que separaba el habitáculo del alojamiento del motor, aunque servía también para apoyar los pies. Por este motivo, algunos constructores montaban los instrumentos por separado, en soportes de columna, bastante altos para facilitar al conductor (y, eventualmente, al mecánico sentado al lado) la lectura de los indicadores.

Al velocímetro y al cuentakilómetros se unieron pronto el reloj, los indicadores para el nivel del combustible y el del aceite, y el termómetro del agua.

La necesidad de controlar con un vistazo todos los instrumentos sugirió la creación de un soporte específico para los mismos, situado en una posición bien visible debajo del volante. Esta nueva disposición resultó favorecida por la simultánea evolución estilística del automóvil, que en los años diez comenzó a adquirir su aspecto definitivo.

De aquella época provienen el progresivo establecimiento de las berlinas cerradas y el parabrisas delantero. El salpicadero inicial se transformó, dividiéndose en 2 partes bien diferenciadas. La inferior, además de constituir la pared de separación del motor, incluyó los mandos de pedal y servía para apoyar los pies; en cambio, la parte superior se estudió para colocar los demás mandos e instrumentos, así como los elementos para el anclaje de la columna de la dirección. Además de conseguir una ubicación definitiva, los instrumentos incluyeron elementos nuevos; entre éstos cabe citar el cuentarrevoluciones de tipo mecánico Jaeger, adoptado inicialmente en vehículos de competición y luego en coches de serie. El perfeccionamiento de la instalación eléctrica y la aparición (1913) del arranque por batería permitieron a los constructores incrementar el número de instrumentos del tablero. Además de un indicador del estado de carga de la batería (amperímetro o voltímetro), comenzaron a instalarse los indicadores luminosos. Estos eran, como en la actualidad, lámparas de alarma o testigos indicadores. Entre las primeras cabe citar las de la temperatura del agua, de la presión del aceite y la reserva de la gasolina; a las segundas corresponden el indicador óptico de los proyectores, el de las luces de posición y dirección, etc. A los instrumentos mencionados se añadían, según el gusto y las características del modelo, otros aparatos de utilidad variable, como el indicador de pendiente de la carretera, el de la velocidad media del vehículo, la brújula y otros. Con el progreso de la tecnología, hacia 1930 muchos instrumentos de funcionamiento mecánico se transformaron en electromecánicos y su precisión se incrementó notablemente. Además, en los automóviles de lujo y deportivos aumentó el número de instrumentos y de mandos adoptados por la necesidad de controlar el funcionamiento de los múltiples y complejos órganos del vehículo. En los años siguientes, la mejora de las condiciones viales hizo disminuir la importancia de la función de control, pero la presencia de un equipo de instrumentos complejo y completo sirvió para distinguir a los coches de cierto prestigio. Por el contrario, el equipo de instrumentos se reducía al mínimo indispensable en los automóviles económicos. En los coches de lujo y en los deportivos, en torno a los instrumentos comenzó a surgir un tablero elaborado, destinado a constituir la parte estilísticamente más importante del interior del habitáculo. De este modo se extendía entre el gran público la idea de que un elevado número de instrumentos era sinónimo de seguridad y, sobre todo, de prestigio. A partir de los años cincuenta se produjo un desarrollo considerable del mercado de accesorios, que se comenzaron a montar como instrumentos auxiliares. Luego aparecieron los instrumentos electrónicos más precisos, como los cuentarrevoluciones y los relojes, y surgieron también los coches con exceso de accesorios, provistos de instrumentos relativamente inútiles, como los altímetros, los termómetros del ambiente, los barómetros, etc.

Los carroceros y estilistas se esforzaron también en presentar las soluciones más variables y originales. Sin embargo, hasta mediados de los años setenta fueron pocos los fabricantes que se preocuparon por respetar condiciones satisfactorias desde el punto de vista ergonómico y de seguridad.

En 1962, aparecieron, en automóviles de la marca Chrysler, tableros portainstrumentos con circuitos impresos, en lugar de los habituales cableados, costosos y voluminosos. En 1971, en EE.UU. se publicó una propuesta de ley relativa a los instrumentos y a los testigos de señalización. Era el primer intento en este sector del automóvil, pues parecía llegada la hora de establecer un cierto orden. Esta norma (MVSS 101) fue transformada en ley en septiembre de 1973 y entró en vigor 2 años después. En la misma se reúnen disposiciones de carácter general sobre las características de visibilidad de los instrumentos y sobre las inscripciones que deben figurar en los mismos. Además, se establecen símbolos, así como inscripciones y colores para los testigos e indicadores de alarma. En Australia existen normas similares, y en Europa hay una propuesta que tiende a unificar los¡ símbolos de los testigos luminosos.

En Estados Unidos, además de las normas legales, la National Highway Traffic Safety Administration, ha promovido investigaciones profundas relativas a la ubicación de los instrumentos, el estudio del color y la forma de las inscripciones, siguiendo principios correctos desde el punto de vista de la ergonomía. Además, varios de los principales fabricantes de instrumentos analizan activamente estas cuestiones; entre las propuestas más interesantes para lograr un equipo de instrumentos simplificado, al mismo tiempo que inteligible y seguro, hay que citar la de la empresa británica Smith & Lucas. La misma propone sistemas en los cuales la información es transmitida automáticamente a una pantalla sólo cuando resulta indispensable. Con esta propuesta desaparecerían los instrumentos que a menudo se denominan auxiliares, como el indicador de la gasolina, el manómetro del aceite, el indicador de la temperatura del agua y el amperímetro. Sin embargo, las indicaciones pueden aparecer, si el conductor lo desea, pulsando un botón adecuado.

Los únicos instrumentos que en ese sistema permanecen a disposición del usuario, para su consulta, son el velocímetro y el cuentakilómetros. Sus indicaciones aparecen en un pequeño cuadrante, situado ligeramente por debajo de la línea visual normal del conductor, o bien se proyectan en el parabrisas, donde se manifiestan por efecto de una película de óxidos metálicos especiales transparentes. Cuando se produce una situación de alarma, por ejemplo cuando comienza a utilizarse la reserva de gasolina, en el parabrisas aparece la palabra stop, al mismo tiempo que se enciende un testigo luminoso y resulta visible el indicador de nivel del combustible. Con este sistema no se distrae la atención del conductor de su objetivo de control de la vía de circulación, y sólo se le requiere cuando resulta indispensable. La misma empresa tiene en estudio un sistema de radar para detectar la presencia de otro vehículo en medio de la niebla y que, incluso, podría llegar a accionar el freno y el acelerador de manera conveniente.

A pesar de las normas y de los esfuerzos efectuados por algunos fabricantes para conseguir instrumentos más seguros, conviene mencionar el hecho de que la afición al equipo de instrumentos abundante y complicado persiste. Incluso la crisis energética de 1974 provocó la aparición de nuevos instrumentos. Algunas empresas norteamericanas ofrecieron como opcionales instrumentos para determinar de modos diferentes el consumo de gasolina. Se trata en general de indicadores de vacío conectados a los conductos de admisión, que determinan la depresión existente en éstos y, por tanto, constituyen una referencia indirecta de si se está consumiendo mucha gasolina o poca. Otros instrumentos, consecuencia indirecta de la crisis petrolífera, son los indicadores de velocidad límite, luminosos y acústicos, que se ofrecen como accesorios.

Entre los equipos de instrumentos de serie adoptados en realizaciones modernas cabe citar los del Citroen CX y los del Maserati II, de 4 puertas. En el primero de ellos, tanto el velocímetro como el cuentarrevoluciones son de tambor giratorio, mientras que en el segundo son de tipo digital. A este propósito, existen dudas sobre la facilidad de lectura e interpretación de los números que cambian continuamente, pues para muchos especialistas es más perfecta la determinación de posiciones en los indicadores de sectores coloreados, con pocas cifras. Por otra parte, conviene destacar también, del Citroen mencionado, la buena disposición de los testigos luminosos y la presencia de una lámpara central de alarma, que se enciende cuando resulta imprescindible detener el automóvil.

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