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RECORD - Definición - Significado

El mito de la velocidad da origen a los primeros desafíos • De los 63 km/h de 1898, a más de 1.000 km/h en la actualidad • Polémicas sobre récords no homologados • Velocidad, aceleración y resistencia

Cualquier disciplina deportiva tiene su récord, o una máxima prestación obtenida siguiendo las normas del reglamento y confirmada oficialmente por personas autorizadas para ello. Dentro de una misma disciplina pueden existir varios récords, correspondientes a las diversas especialidades de un mismo deporte. Todos los resultados reconocidos como máximos, normalmente son definidos en el lenguaje deportivo internacional con la palabra récord. Se trata de un término inglés, cuyo significado literal es «registro». En efecto, un resultado máximo, para ser considerado como tal y poder constituir un indiscutible punto de referencia, debe ser registrado, de donde surge la denominación.

En el sector automovilístico, el número de récords es particularmente elevado. En efecto, existe toda una serie de máximas prestaciones, que podrían denominarse relativas, en cuanto referidas a condiciones específicas de carácter técnico. Como es ya sabido, el reglamento deportivo internacional es complicado. Existen diferentes tipos de competiciones, diversos agrupamientos de coches y diferentes clases de cilindradas. En consecuencia, existen diferentes récords según el tipo de prestación, vehículo y cilindrada. Entre todos, sólo uno puede ser catalogado de absoluto, es decir libre de subdivisiones (aunque no del todo, como se verá): se trata del récord absoluto de velocidad sobre tierra. Todos los demás récords responden, en la práctica, a unas determinadas reglamentaciones.

La materia es tan amplia y compleja que el Código Deportivo Internacional dedica al apartado récord un capítulo entero: el anexo D.

Ante todo, cabe precisar que, a diferencia de las otras disciplinas deportivas, en las que los récords se establecen generalmente durante

la celebración de pruebas normales, en el sector automovilístico éstos constituyen un tipo de prueba por sí mismos. En efecto, no se consideran como récords los mejores registros conseguidos durante una carrera, como pueden ser la vuelta rápida a un circuito o la velocidad máxima alcanzada. Según el anexo D, los récords se dividen en 5 categorías fundamentales:

- Récords locales: Se consideran como tales las mejores prestaciones obtenidas en un determinado circuito (aunque el hecho no tenga lugar durante una competición automovilística) siempre que hayan sido llevadas a cabo como un intento de récord. A la hora de registrar el resultado, no tienen importancia la nacionalidad del concursante ni la del conductor.

- Récords nacionales: Son los establecidos de conformidad con las reglamentaciones del automóvil club de la nación en cuyo territorio se desarrolla la prueba. El intento también puede llevarse a cabo en territorio de una nación distinta a la del concursante, previo acuerdo establecido con el automóvil club local. Un récord nacional puede ser de clase (si se refiere a la subdivisión por cilindrada prevista por el Código) o bien absoluto, esto es, sin referirse a la categoría del vehículo.

— Récords internacionales: Son los reconocidos por la F.I.A. Para ello es preciso que el intento haya sido llevado a cabo siguiendo una de las especialidades previstas por la propia F.I.A. y se haya obtenido con un vehículo correspondiente a las subdivisiones de categorías, grupos, clases de cilindrada y alguna otra característica prevista por el Código.

— Récords internacionales para vehículos especiales: Son los establecidos con vehículos de 4 ruedas al menos, en los cuales la propulsión no se obtiene por mediación de las propias ruedas.

— Récords mundiales o absolutos: Son, entre los récords internacionales, las mejores prestaciones mundiales de cada especialidad, prescindiendo de cualquier subdivisión, ya que el coche está entre los admitidos en los intentos de récord.

Como se indica en el cuadro (que recoge también la relación de los vehículos admitidos en los intentos de récord), las pruebas reconocidas oficialmente por la F.I.A. son 4: récord de velocidad con salida lanzada, récord de velocidad con salida parada, récord de aceleración y récord de resistencia.

Respecto a la reglamentación concerniente al escenario de los intentos, la manera de efectuarse cada prueba, y el desarrollo y registro de los resultados, sólo se limitan a algunos datos según normas fundamentales.

Para los intentos sobre el kilómetro o sobre la milla con salida lanzada se exige que el tramo elegido para la prueba presente un desnivel no superior al 1 %. El intento debe efectuarse en los dos sentidos, para evitar que el desnivel y sobre todo el posible viento a favor puedan influir en el resultado. El tiempo es tomado en ambos sentidos, dándose como válido el promedio de los dos registros.

Los intentos de récord sobre distancias mínimas con salida lanzada (kilómetro y milla) pueden llevarse a cabo sólo sobre pistas abiertas, o bien sobre tramos rectos que antes y después de la distancia medida dispongan de recorrido suficiente para el lanzamiento previo y posterior frenado. En cambio, para las pruebas de 10 km o 10 millas existe la posibilidad de utilizar tanto pistas abiertas como circuitos semipermanentes o permanentes. Finalmente, los intentos sobre distancias superiores a 10 millas se efectúan exclusivamente en circuitos permanentes. Para pruebas que superen los 5.000 km está prevista la posibilidad de invertir el sentido de marcha cada 500 km.

El registro de los tiempos para récord hasta una distancia de 100 millas o bien 1 h de duración, se realiza con aparatos automáticos a la centésima de segundo; para distancias o duraciones superiores, se utilizan aparatos automáticos, semiautomáticos o manuales a la décima de segundo.

Como se indicó al principio, entre los tipos de récords automovilísticos existe uno que sobresale de los demás por una individualización más inmediata y por el enorme prestigio que siempre se ha concedido a las posibilidades técnicas del automóvil y al valor humano. Se trata del récord absoluto de velocidad terrestre con salida lanzada. Además del más prestigioso, fue el primero de los récords automovilísticos que intentó el hombre.

La idea de establecer un récord de velocidad para automóviles fue del conde francés Gastón Chasseloup-Laubat, quien el 18 de diciembre de 1898, y en colaboración con el periódico La France Automobile, organizó el primer intento en el Parque de Achéres, al norte de París. El propio Chasseloup fue quien, a bordo de un coche eléctrico Jeantaud, alcanzó la mayor velocidad, 63,150 km/h, convirtiéndose así en el primer recordman de la historia del automóvil. Sin embargo, su primacía duró muy poco, pues un mes más tarde el belga Jenatzy elevó la cota a 66,658 km/h y, el 89 de abril de 1899, superó por vez primera la barrera de los 100 km/h.

Mientras tanto, el A.C.F. había preparado un reglamento, en el cual se establecía que la prueba debería ser llevada a cabo sobre la base de 1 km y en un solo sentido.

El primer vehículo con motor de gasolina que conquistó el récord fue el Mors de Vander-bilt, que en 1902 alcanzó 122 km/h.

Para elevar el récord de 100 a 200 km/h, transcurrieron casi 10 años de intentos. El primero que rebasó este límite fue Héméry, sobre un Benz.

Para superar los 300 km/h, hubo que esperar otros 18 años. La empresa correspondió, en 1927, al Sunbeam de Segrave, quien alcanzó, en Daytona, 327 km/h. En aquella época ya se había iniciado la era de Malcolm Campbell y su Bluebird, que en el curso de 7 años llegó a establecer el récord ligeramente por debajo de los 500 km/h (484,618 en 1935 sobre la pista de Bonneville).

Después de Campbell, dos hombres, ambos británicos, se disputaron el récord durante un decenio. Se trataba de Eyston, primero que superó los 500 km/h, y Cobb, que a su vez rebasó los 600 km/h. El límite establecido por Cobb en 1947 (634,401 km/h) fue el más duradero, pues hasta 1963 no fue batido por Breedlove con su vehículo de reacción, dejándolo en 655,735 km/h. Sin embargo, de acuerdo con el reglamento, que sólo admitía en los intentos de récord vehículos con propulsión en las ruedas, la nueva marca no fue homologada. No obstante, el establecido por Cobb tuvo validez oficial durante 1 año más, hasta el día en que Donald Campbell, hijo de Malcolm, registró 648,784 km/h con su nuevo Bluebird de turbina (con propulsión en las ruedas, aunque disponía de un motor de turbina). Este límite fue mejorado al año siguiente (1965) por el norteamericano Summers, quien con el Goldenrod lo elevó hasta 658,665 km/h.

No obstante, en aquella época los vehículos con propulsión a reacción ya habían superado los 900 km/h. En consecuencia, la F.I.A. se vio obligada a modificar el reglamento, y a las categorías de vehículos admitidos en los intentos de récord añadió la de los vehículos especiales. Sin embargo, al bólido de Breedlove, por el hecho de tener sólo 3 ruedas, se le volvió a negar la homologación de los resultados, mientras que fueron consideradas válidas las pruebas del Green Monster de Arfons, asimismo norteamericano, cuyo vehículo estaba dotado con las 4 ruedas reglamentarias. Breedlove construyó entonces una nueva versión de su Spirit of America, esta vez con una rueda más, y en el año 1965 alcanzó la velocidad de 966,571 km/h.

En definitiva, sólo restaba superar la barrera de los 1.000 km/h. Y esto fue lo que pensó Gary Gabelich, quien en 1970 alcanzó con su vehículo a propulsión el asombroso registro de 1.014,508 km/h. Sin embargo, el coche sólo tenía 3 ruedas y, de acuerdo con el reglamento, esta marca no fue homologada.

En cuanto a los otros récords mundiales, no hay que olvidar los establecidos sobre distancias superiores al kilómetro y a la milla, así como los récords de aceleración y los de resistencia.

Los récords relativos a la distancia de 100 a 10.000 km, y los de resistencia de 1, 6, 12 y 24 h fueron conquistados en 1936, 1940, 1950 y 1951 por un Marmon Special en Bonneville. Los pilotos fueron Jenkins, Bergere y Stapp, que alcanzaron un promedio de 302,01 km/h, para los 100 km, y de 259,40 km/h, para las 24 h (el más largo de los de resistencia).

En 1967, y sobre una distancia de 10.000 millas el Porsche 911 R, conducido por Siffert, Spoerry, Steineman, Vógele e Illert, estableció en el autódromo de Monza un promedio de 210,29 km/h. Dentro del mismo apartado de los récords de distancia, hay que recordar los de 25.000 km (180 km/h de promedio); 25.000 millas (178,40 km/h), y 50.000 km (177,56 km/h), establecidos en 1956 por un Duesenberg Special en Bonneville, y los conseguidos en 1963 por un Ford Comet 64 en Daytona a la distancia de 50.000 millas (173,14 km/h de promedio), 100.000 km (175,33 km/h) y 100.000 millas (174,53 km/h).

En los récords de aceleración con salida parada cabe citar los establecidos en 1972 por el Pollution Packer Rocket de David Anderson: el cuarto de milla en 5,666 s (255,631 km/h); medio kilómetro en 6,431 s (279,893 km/h), y el kilómetro en 9,528 s (377,835 km/h). Posteriormente, y aunque fuera de la reglamentación de la P.I.A., el piloto norteamericano de dragsters, Don Garlits, obtuvo en 1975 en Ontario, California, 5,63 s para el cuarto de milla con salida parada con su Dodge Big Daddy.

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