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MOTOR DE ARRANQUE - Definición - Significado

Máquina eléctrica auxiliar que, aprovechando la energía eléctrica de la batería, produce energía mecánica y la transmite después al motor determinando la puesta en marcha.

Esquema de un motor de arranque

Los motores térmicos no pueden ponerse en movimiento por sí solos, sino que deben ser ayudados hasta que alcanzan un régimen de rotación superior al crítico, en el cual el funcionamiento del motor es inestable y existe el peligro de que se «cale», es decir de que se pare el motor. Este régimen mínimo, que permite el funcionamiento regular del motor, es suficiente para que el par desarrollado por el propio motor pueda vencer la resistencia de los rozamientos internos; depende de las características del motor, de la temperatura exterior, de la carburación y de la viscosidad del lubricante.

En general, el motor con menor número de cilindros es el que requiere el mayor par de arranque; además, el régimen de rotación mínimo para el arranque aumenta al disminuir la temperatura ambiental. Si no se alcanza esa velocidad, el carburador del motor de ciclo de Otto no puede formar una mezcla apta para quemarse y, del mismo modo, en el motor Diesel no se produce, en la fase de compresión, una temperatura suficientemente elevada para la combustión.

En los primeros automóviles el arranque se efectuaba por medio de una manivela, que se introducía en el cigüeñal y era accionada directamente por el usuario. Sin embargo, en los vehículos dotados de motores potentes y con cilindros de diámetros superiores a 100 mm, era necesario, para el arranque, reducir la compresión del motor actuando sobre la distribución o sobre otros dispositivos. En los primeros años de este siglo, para superar tales dificultades se inventaron ya unos aparatos para el arranque automático: en muchos casos, la fuerza derivaba de unos sistemas de muelles o de gases comprimidos. Los primeros sistemas de arranque con motor eléctrico fueron introducidos hacia 1912; pero, inicialmente, estos sistemas se consideraron poco seguros por la escasa fiabilidad y duración tanto de los acumuladores como de los diferentes componentes de la instalación eléctrica, los cuales, además, se colocaban de una manera rudimentaria y con pocas protecciones contra el polvo y los agentes atmosféricos. Sin embargo, en el transcurso de 10-15 años todas las empresas automovilísticas adoptaron el arranque eléctrico.

Durante muchos años, el arranque de los motores de los vehículos de competición, carentes del motor eléctrico, fue efectuado desde el exterior con unos aparatos auxiliares eléctricos, o de aire comprimido, unidos al motor mediante una toma de fuerza semejante a la utilizada en el sistema de manivela. Para el arranque de los grandes motores Diesel, que equipan las máquinas de movimiento de tierras, se emplea, a veces, un pequeño motor de explosión que, a su vez, es puesto en marcha por accionamiento manual o eléctrico; dicho sistema es indispensable para conseguir la potencia necesaria (bastante elevada), sin añadir los problemas inherentes al empleo de máquinas eléctricas muy potentes, especialmente en condiciones ambientales difíciles (humedad y bajas temperaturas).

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