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JUNTA HOMOCINÉTICA - Definición - Significado

Junta articulada que permite que, en cada instante, se conserve la igualdad entre las velocidades de rotación de los árboles de entrada y salida, siempre que el ángulo entre ambos no supere cierto valor.

En el caso de los automóviles con tracción delantera, la necesidad de transmitir el par motor a las ruedas directrices determinó durante muchos años grandes dificultades de construcción. En efecto, la junta de unión entre el eje de la rueda y el semieje de transmisión debe conectar dos elementos que, tanto en las curvas como por efecto del movimiento de la suspensión, forman entre sí un ángulo importante. Si la junta no fuese homocinética, existirían solicitaciones que limitarían la duración de la transmisión y producirían oscilaciones y shimmy en el volante intolerables.

La condición que hace que una junta articulada sea homocinética se investigó al principio para las juntas de Cardan y luego se aplicó a sistemas más perfeccionados. Para las primeras, es posible conservar las mismas velocidades de entrada y salida empleando dos juntas de Cardan unidas por un árbol intermediario y haciendo que los ángulos entre los dos árboles y el intermediario sean iguales; ello se produce automáticamente si el árbol conductor y el conducido son paralelos, condición que no se cumple fácilmente en los automóviles.

La solución de la doble junta de Cardan es económicamente conveniente; sin embargo, en la práctica, es difícil conseguir una transmisión completamente homocinética. Por ello, las dobles juntas de Cardan se emplean en automóviles económicos o en vehículos especiales. Ello explica las numerosas soluciones propuestas que abrieron el camino a la invención de las juntas universales de bolas.

Como en el caso de las dobles juntas de Cardan, el órgano intermediario está constituido generalmente por una corona de bolas y va guiado de forma que permanezca siempre en el plano bisector del ángulo que forman los 2 árboles, condición suficiente para obtener la igualdad de velocidades.

La primera junta homocinética fue inventada en 1927 por el francés Pierre Fénaille, quien la aplicó por vez primera en el automóvil de carreras Tracta, de tracción delantera. Estaba constituida por 2 horquillas solidarias a los árboles y 2 elementos esféricos que se correspondían con unas gargantas de las horquillas.

Las juntas del tipo de bolas también fueron inventadas en torno a 1927, pero, a causa de sus mayores dificultades de construcción, tardaron en imponerse en las construcciones automovilísticas. La más conocida de éstas es la junta Rzeppa, compuesta por un cuerpo exterior unido al árbol conducido, sobre el cual se han practicado 6 pistas de sección transversal circular, y por un elemento interior denominado núcleo, fijo al árbol conductor y dotado de otras tantas pistas de sección circular. Las pistas de ambos elementos se corresponden y, sobre las mismas, pueden moverse 6 bolas separadas por una jaula que se mueve en una posición intermedia entre los elementos de la junta.

La junta Rzeppa ha experimentado numerosos perfeccionamientos y en 1950 se comenzó su aplicación en gran serie en la industria automovilística. Es especialmente adecuada por sus dimensiones reducidas en relación con la potencia que puede transmitir. Por ello se emplea al lado de la rueda, donde el espacio disponible siempre es reducido y donde permite ángulos de giro de hasta 45°.

Otro de los tipos de junta de bolas es la Bendix-Weiss, constituida por 2 horquillas en las que existen las gargantas para el movimiento de 4 bolas, mientras que una quinta bola sirve para el centrado y para impedir los contactos entre las horquillas. La junta Bendix es más voluminosa para un mismo momento de torsión transmitido, ya que existen siempre 2 bolas que transmiten esfuerzo. Además, su ángulo máximo de funcionamiento es de 35°. Por ello y por otros motivos, esta junta se aplica principalmente en vehículos especiales o militares.

En el caso de transmisión del movimiento a ruedas dotadas de suspensiones de tipo independiente, el semieje no puede poseer una longitud constante a causa del movimiento de las ruedas con relación a la carrocería y, por tanto, respecto al motor. De ahí que la junta articulada de unión del lado del motor debe ir acoplada a una junta deslizante.

Se comprende que una junta de este tipo debe realizarse de una forma particularmente cuidadosa, tanto para evitar que sean excesivos los juegos angulares, que se advertirían en el arranque y al levantar el pie del acelerador, como para reducir al mínimo la resistencia al deslizamiento y evitar cargas axiles no tolerables en las juntas articuladas del lado de la rueda.

Las soluciones más sencillas son las de árboles con perfiles acanalados deslizantes situados uno dentro de otro, o bien con perfiles especiales y con bolas interpuestas para mejorar su capacidad de deslizamiento. Generalmente, ambas soluciones se integran a la función de junta articulada. Las juntas homoinéticas de bolas poseen una gran duración si son objeto de un entretenimiento periódico y, sobre todo, si se controla que la protección de caucho esté siempre entera y resista al agua y al polvo. Una junta con la protección rota posee una duración de pocos millares de kilómetros, mientras que, normalmente, debe resistir 30.000-50.000 km.

El estado de desgaste de las juntas de bolas se detecta por un característico ruido metálico, que puede advertirse más fácilmente con las ruedas completamente giradas. Si se actúa al primer signo de ruido, la mayoría de las veces es posible recorrer, tras un buen engrase, muchos miles de kilómetros.

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