Literalmente «vehículo para todo terreno». Los coches ATV aparecieron por vez primera en EE.UU. hacia 1960, y están dotados de una pequeña carrocería de materia plástica en forma de casco. Sus ruedas, generalmente todas motrices, son de diámetro pequeño, pero de sección muy ancha y presión muy baja; su número varía normalmente entre un mínimo de cuatro y un máximo de ocho. Están equipados con motores de pequeña cilindrada y poseen un accionamiento de la dirección que se obtiene frenando las ruedas de un lado.

La posición de las ruedas, muy próximas entre sí, forma una especie de cordón que permite a estos coches recorrer tramos sobre terrenos de adherencia muy escasa (ej.: barro, arena o nieve). La flotabilidad viene dada por la carrocería y por los neumáticos, por lo que los ATV pueden atravesar también cursos de agua.
