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TURBINA - Definición - Significado

Existen turbinas de un eje (single shaft) y de dos ejes (two shaft). En las primeras se tiene una sola turbina, unida simultáneamente al compresor y a las ruedas. En los motores de dos ejes, una primera turbina mueve únicamente el compresor, mientras que los gases de escape de ésta pasan a una segunda máquina (turbina de potencia), unida sólo a las ruedas e independiente de la primera.

En los años cincuenta, con los grandes éxitos de las turbinas en aviación, fueron muchos los que creyeron en su inminente difusión en el sector automovilístico. Sin embargo, las exigencias aeronáuticas son muy distintas de las de la propulsión terrestre y algunas de las características de las turbinas han demostrado poseer grandes inconvenientes para su empleo en los automóviles. Con relación a los motores alternativos, las turbinas poseen los siguientes puntos a su favor: menor peso, menores dimensiones (si se aceptan consumos muy altos), ausencia de vibraciones, ruido reducido, facilidad de puesta en marcha en frío, posibilidad de emplear combustibles de baja calidad, bajo nivel de emisiones contaminantes (sobre todo CO y HC) y menores variaciones de la potencia con la altura.

Sin embargo, poseen los siguientes problemas: alto coste de construcción, consumo elevado (sobre todo durante la marcha a potencias reducidas), menor rapidez de aceleración, necesidad de un reductor de alta velocidad, necesidad de sistemas de regulación sofisticados y un alto coste y bajo rendimiento de las unidades menores (de menos de 150 CV). Efectivamente, el empleo de las turbinas se halla generalizado en aeronáutica y en la propulsión naval, donde se requieren potencias altas, y su coste no se halla desproporcionado con relación al del vehículo.

El primer intento por construir una turbina se remonta a 1872, año en que se inventó la turbina de aire caliente de Stolze. Probada 20 años más tarde, esta máquina no funcionó, ya que el compresor absorbía más potencia de la que la turbina conseguía desarrollar.

En 1905, en París, Armengaud y Lemale hicieron funcionar la primera turbina de gas de la historia. La máquina, dotada de un compresor centrífugo, apenas conseguía automantenerse, ya que la turbina producía el trabajo estrictamente suficiente para arrastrar el compresor.

Todavía hacía falta llevar a cabo muchos progresos en el proyecto de las turbomáquinas, mejorando los rendimientos de los compresores, y sobre todo en metalurgia, para obtener materiales que pudieran soportar las elevadas temperaturas de entrada a la turbina, antes de que fuese posible construir una turbina de gas eficiente.

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