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CLIMATIZACIÓN - Definición - Significado

Conjunto de los problemas que se presentan y de los dispositivos empleados para resolverlos, cuando se pretende dotar el interior de los vehículos de las mejores condiciones de temperatura y humedad. La solución ideal es, naturalmente, el uso de un acondicionador capaz de reducir la temperatura y la humedad durante el período veraniego y aumentarlas durante las épocas frías. La regulación del acondicionador es manual, pero puede automatizarse mediante el uso de sistemas termostáticos.

En los automóviles desprovistos de acondicionador, el problema de la climatización es muy complejo y se estudia con criterios diferentes, según se trate de la estación cálida o de la fría.

Climatización veraniega. Es necesario, ante todo, disponer una activa renovación del aire, que se estima en 1-2 mVmn por pasajero, frente a los 0,25 m3/mn que representan las necesidades normales para la respiración. Esta cantidad de aire es necesaria incluso a velocidades reducidas, sin recurrir a la apertura de las ventanas del coche.

El flujo de aire debe dirigirse en distintas direcciones y con velocidades diferentes. Para las piernas son necesarias velocidades reducidas, mientras para la cara y el pecho son preferibles más elevadas. La mejor disposición consiste en montar boquillas o toberas de ventilación para cada plaza del vehículo, delantera o trasera, separadas e independientes de la instalación de calefacción.

Otras precauciones que los constructores deben adoptar, o cuidar mejor, son el aislamiento del silenciador, del tubo de escape y del cambio, especialmente si es de tipo automático. Cuando estos elementos no están suficientemente protegidos, es fácil alcanzar en el suelo del coche temperaturas de 70-80 °C. También la superficie de los cristales y su inclinación tienen importancia para la temperatura del habitáculo. Los cristales son transparentes para la luz solar, pero no para las radiaciones térmicas emitidas por los asientos y los ocupantes, que pueden alcanzar temperaturas elevadas, por lo cual, el calor recibido desde el exterior, se acumula progresivamente en el habitáculo hasta alcanzar proporciones inaceptables.

Al contrario de lo que suele suponer, tan sólo el 20 % del calor que entra en el interior del habitáculo pasa por la chapa del techo y de las puertas. El 80 % restante es debido a las radiaciones solares, que penetran a través de los cristales. Esto explica que la diferencia de temperaturas (con idénticas exposiciones a los rayos solares) en el interior de un coche blanco y de otro obscuro, nunca supere 2-3 °C.

Al no reducir la superficie acristalada, por razones de visibilidad y seguridad, se hace necesario recurrir al cristal *atérmico.

Climatización invernal. Para conseguir un buen confort durante la estación fría, es necesario calentar más las extremidades inferiores que la parte central del cuerpo, y aún más que la cabeza. Afortunadamente, estas indicaciones coinciden con lo que se debe prever para lograr una buena ventilación estival. En efecto, tal como se ha dicho, las boquillas de ventilación cercanas a los pies son las que deben suministrar aire a mayor velocidad. Cuando el sistema de climatización es del tipo integrado, y, por tanto, las mismas tomas suministran en invierno aire caliente, el aire dirigido hacia los pies tendrá menor velocidad y producirá mayor sensación de calor. Las entradas laterales, en los dos extremos de la chapa, serán muy útiles, no sólo para la simetría de la distribución del aire, sino también para la calefacción de los hombros, situados cerca de las ventanas y de las puertas frías. Los Mercedes, por ejemplo, tienen un sistema de calefacción para los cristales laterales de las puertas delanteras. Las boquillas centrales deberían dirigir una corriente de aire, no excesivamente caliente, hacia el rostro del conductor y del pasajero.

Por lo que se ha dicho, se comprende que los pasajeros de atrás aprovechan mucho menos que los de la parte delantera las ventajas de la instalación de calefacción. Son muy pocos los automóviles que poseen canalizaciones específicas para los asientos traseros, suele tratarse de berlinas de clase elevada (Jaguar XJ6; Lancia Beta), o bien coches de tracción trasera refrigerados por aire (Fiat 500; Volkswagen, etc.) en los cuales, sin embargo, se puede caer en el peligro opuesto, es decir, que la calefacción resulte insuficiente para los asientos delanteros.

Un inconveniente que se presenta en invierno es la imperfecta hermeticidad de las juntas de las puertas y de las ventanas, que produce corrientes de aire. Además del perfecto ajuste de las juntas, es necesario un buen aislamiento térmico del habitáculo, siempre útil, incluso en el período invernal, para evitar la dispersión del calor, mientras que el calor que podría penetrar, por efecto del silenciador, etc., sería muy reducido.

Otro problema típico de los sistemas de calefacción es el de rebajar excesivamente el grado de humedad, es decir, de hacer demasiado seco el aire que entra en ej habitáculo. Aunque el aire se humidifica inmediatamente a causa de la transpiración de los pasajeros, difícilmente se supera el 20 % de humedad. También se observa que, a causa de la reducida temperatura exterior, esta escasa humedad tiende a condensarse sobre las superficies frías de los cristales, pudiendo dar lugar incluso a la formación de hielo. El resultado es una mala climatización y una carencia de visibilidad.

Para evitar este último inconveniente se procura aumentar el grado de calefacción interior, con objeto de elevar la temperatura superficial de los cristales y evitar así su empañamiento. Con ello el aire resulta todavía más seco. Por tanto, se comprende que un buen sistema de climatización debe estudiarse de manera que haga circular el aire caliente cerca de las superficies de los cristales, para mantener caliente su cara interna, incluso con temperaturas muy bajas. Con esto y con un buen aislamiento general, se podría rebajar la temperatura del aire a la salida de las boquillas destinadas a la calefacción, aumentando simultáneamente el porcentaje de humedad y, por tanto, el confort. En el caso de los coches con acondicionamiento, todo ello se puede lograr automáticamente. Los sistemas de climatización, además de la posibilidad de que sean dependientes e independientes, se pueden clasificar en otras categorías: intercambiadores aire-aire y agua-aire. El primero se emplea solamente en los coches con refrigeración por aire, y el segundo en automóviles refrigerados por agua. En este último caso es posible hacer una nueva distinción, basada en el sistema de regulación. En efecto, la regulación de la temperatura puede hacerse, bien controlando la cantidad de agua que atraviesa el cambiador calentador, o bien variando el caudal de aire que pasa por el calentador y mezclándolo con aire fresco. La mejor regulación se obtiene con el segundo sistema, pues no resulta afectado por las variaciones del régimen de revoluciones del motor, sino únicamente por las variaciones de velocidad del vehículo. El funcionamiento es más uniforme y el rendimiento mejor.

Los inconvenientes de una instalación de climatización dependen principalmente de: rotura de los cables de mando de las válvulas y de las tomas o boquillas; atascos de los conductos de aire o roturas de los mismos; radiador demasiado expuesto al viento con temperaturas muy bajas; rotura de la válvula termostática que regula la circulación del agua en el motor, caso en el cual, cuando se haya instalado un termómetro, se observarán temperaturas anormales. Indirectamente, cuando la calefacción deja de funcionar, puede revelar algún defecto de la instalación de refrigeración del motor.

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