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AUTOVENTIIANTE - Definición - Significado

Adjetivo que indica la capacidad de un elemento de una máquina para favorecer o determinar una mayor circulación de aire por su interior, o en torno a su propia superficie, para mejorar su refrigeración. Un primer ejemplo de órgano autoven-tilante se encuentra en ciertos coches antiguos cuyo volante solía construirse con radios en forma de palas de hélice para crear una ventilación más favorable del alojamiento del motor.

En los años veinte, la introducción de las ruedas de chapa estampada, en substitución de las de radios de madera o metal empleadas hasta entonces, creó problemas de ventilación de los tambores de los frenos; en efecto, las llantas eran más ligeras y más baratas, pero poseían el defecto de limitar la dispersión del calor generado por rozamiento durante el frenado.

El aumento de las velocidades, y, por tanto, la exigencia de sistemas de frenado más eficaces, hacía más evidente dicho problema. Se remedió con la adopción de ruedas autoventílantes, es decir, provistas de orificios situados a lo largo de una circunferencia, capaces de favorecer la circulación de aire en torno a los tambores o a los discos de los frenos, reduciendo así la pérdida de eficiencia causada por el fading. Entre los ejemplos más originales cabe señalar las ruedas de los Bugatti de principios de los años treinta.

Más tarde, siempre con el fin de mejorar la eficiencia en caliente de los frenos, se adoptaron aletas situadas a lo largo de una circunferencia en los tambores, normalmente de aleación ligera. La Alfa Romeo, tras largos estudios y experimentaciones sobre prototipos, montó en las ruedas delanteras del 1900 Super unos tambores con aletas de 1 cm aproximadamente y situadas en sentido radial con una inclinación de unos 40°. Las aletas, inclinadas hacia delante (en sentidos opuestos en ambos tambores), funcionaban como las paletas de un ventilador axil generando una circulación de aire en torno a los tambores. Esto mejoró la eficiencia de los frenos, hasta el punto de que la Alfa Romeo adaptó este tipo de tambores a toda su producción incluso después de la aparición de los frenos de disco.

Estos últimos, adoptados al principio por los coches de competición, parecían haber resuelto el problema de la refrigeración desde el momento en que el aire barría toda la superficie de rozamiento. Sin embargo, pronto se hallaron también en dificultades. Luego se recurrió a los discos autoventílantes, es decir, provistos de orificios radiales practicados según su espesor, perfeccionados enseguida con una construcción constituida por dos placas circulares encaradas y unidas por nervios, que, de esta forma, formaban unos canales de ventilación y aprovechaban un principio análogo al de los frenos de tambor turborrefrige-rados. El aire entraba por el centro y era expulsado por la periferia de los discos, creando un flujo centrífugo de aire que favorecía la transmisión del calor generado durante el frenado.

Los primeros ejemplos de discos autoventílantes aparecieron en los coches de competición hacia finales de los años cincuenta, mientras que su primera aplicación en un automóvil de serie tuvo lugar en 1965 con el Chevrolet Corvette. Desde entonces han sido adoptados por muchos automóviles con prestaciones elevadas.

Otro ejemplo de órgano autoventilante viene dado por las dinamos y los alternadores, que se refrigeran mediante el flujo de aire generado por un pequeño ventilador solidario a su eje.

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